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EN UN RINCÓN DE GALICIA

La isla de La Toja, un referente de salud y lujo desde principios del siglo XIX

En un rincón de tu ciudad, descubrimos hoy la isla de La Toja, en Pontevedra. Una pequeña isla que acabaría conviertiéndose en un referente del lujo y la salud a principios del siglo XIX.

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Lola Alfonso/Miguel A. Lago  |  O Grove (Pontevedra)  | Actualizado el 29/06/2012 a las 13:55 horas

Iniciamos hoy nuestro paseo, en un rincón de tu ciudad, en el puente que une la península de O Grove con la isla de La Toja. Este puente, construído en 1911, y con 400 metros de longitud, estaba considerado como uno de los más largos de Europa en su época.

La historia de La Toxa comienza con el descubrimiento de los manantiales y la leyenda  de un burro enfermo que -abandonado para poder morir tranquilo en la isla- se recupera gracias a las propiedades medicinales de unos grandes charcos de agua y lodo.

Sus 110 hectáreas de terreno pasaron entonces a ser propiedad privada del Marqués de Riestra, que ordenó construir el Gran Hotel Balneario La Toja a semejanza de los grandes templos de salud europeos  como Vichy o  Marienbad.

Originariamente, el Gran Hotel tenía dos torreones unidos por un galería -obra del arquitecto Vázquez Gulías-, un casino con comedor para mil personas y cubierta por una cúpula con lucernario. Era el lugar de reposo de aristócratas y reyes que hacían vida social con científicos, escritores , músicos y filósofos.

Durante la guerra civil el hotel se convirtió en hospital de sangre y en la posguerra en sanatorio. En 1945 el edificio sufre una remodelación. Desaparecen los torreones, frescos y esculturas originales para convertirse en lo que es hoy en día: un templo termal de lujo.

La gran fábrica de sales y jabones fue otro de los edificios emblemáticos de la isla, al igual que el antiguo balneario que acogía a pacientes o turistas, con menos posibilidades económicas, que necesitaban del reposo y las aguas sulfurosas de los manantiales para curarse. Y entre paseos por los jardines, a unos metros del mar descubrimos la capilla de las conchas: ermita consagrada a San Caralampio  y a la Virgen del Carmen y que está recubierta por conchas de vieira.

Sea cual sea el recorrido por la isla  todo está pensado para el turismo y el descanso. Campo de tiro, de golf , casino, dos hoteles más y urbanizaciones y mansiones  de lujo que conviven con las antiguas villas, construidas a la par que el Gran Hotel.

En el corazón de la Ría de Arosa, dejamos la isla tras disfrutar de paseos tranquilos y silenciosos, escuchando el mar y el murmullo de unas aguas tan medicinales como milagrosas.



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