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EN UN RINCÓN DE TU CIUDAD

Dubrovnik, bella de día...inolvidable de noche

Hoy, nuestro rincón es Dubrovnik. La capital de la Costa Dálmata destila elegancia y serenidad. Una bellísima fortificación medieval que parece ahuyentar los malos vientos a fuerza de mirar al futuro con ilusión. A pesar de sus muchos visitantes, los locales siempre tienen una sonrisa lista para todo aquel que quiera conocer un poco más de la historia croata.

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  • Hoy, nuestro rincón es Dubrovnik. La capital de la Costa Dálmata destila elegancia y serenidad. Una bellísima fortificación medieval que parece ahuyentar los malos vientos a fuerza de mirar al futuro con ilusión. A pesar de sus muchos visitantes, los locales siempre tienen una sonrisa lista para todo aquel que quiera conocer un poco más de la historia croata.
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Video: María Bayón, Joako Perteguer

María Bayon, Joako Perteguer  |  Madrid  | Actualizado el 10/10/2012 a las 20:09 horas

En un rincón de tu ciudad nos lleva hoy hasta la ciudad de Dubrovnik. Pasear por Stradun, la calle principal de Dubrovnik, es hacer un ejercicio de memoria histórica. Casi sin querer se agolpan en la mente imágenes de esta misma calle veinte años atrás, cuando el paso de la guerra de la ex Yugoslavia la dejó cuajada de metralla. Hoy apenas queda nada de eso. Si acaso algún agujero perdido en lo más alto de alguno de los sólidos muros de piedra de sus muchos palacetes barrocos.

Como bien puede apreciarse en el paseo por sus murallas –de dos horas de duración- la mayor parte de los tejados de su compacto casco antiguo han sido reconstruidos a conciencia, dejando que la belleza de la ciudad borre de un plumazo los malos recuerdos.

Stradun une las dos puertas principales del casco antiguo, la de Ploce y la de Pile y es la arteria que vertebra todo un sinfín de callejuelas empedradas que se aúpan a ambos lados para llenarse de tiendas de artesanía y coquetos restaurantes. Al atardecer, las risas flotan en el aire, cuando los camareros se esfuerzan en sacar sus mejores viandas a la tranquila luz mediterránea de la ciudad. Cenar en el casco antiguo de Dubrovnik es un placer inolvidable.

La arquitectura de la ciudad es un poderoso reclamo, y cuesta creer que en un espacio tan pequeño pueda haber tanta obra de arte. Desde el Convento de los franciscanos, con su farmacia antigua, hasta el Palacio del Rector y la fuente de Onofrio, antaño la que abastecía de agua a toda la ciudad y daba fe de su riqueza. Tampoco hay que perderse la Torre del Reloj, la Catedral de la Asunción y la Iglesia de San Blas.

Lo mismo que pasear por su puerto antiguo, o subir en funicular para apreciar en su conjunto la armonía que desprende la ciudad. Dubrovnik, como Venecia, fue una ciudad estado, y durante muchos años consiguió mantener su independencia y su libertad. De aquella sabiduría centenaria, de ése saber hacer que no molesta, hablan sus muchos edificios históricos, todos bendecidos por San Blas, el santo patrón de la ciudad, que desde hace más de mil años, cuentan sus habitantes, la protege de todo mal.

Pero además Dubrovnik es una excelente base de operaciones para descubrir la costa dálmata. Desde su pequeño puerto zarpan a diario decenas de barcos que recorren esta costa salpicada de islas y repleta de calas. El Mediterráneo tal como era, reza su reclamo publicitario, y no le falta razón.

Cavtat es un delicioso pueblecito marinero, hoy un lugar perfecto para comer y dejarse atrapar por la pereza mirando el ir y venir de sus barcos.

Ston es toda una sorpresa. La ciudad que cuenta con las murallas antiguas más grandes del mundo, después de las de China, tiene además acceso a las mejores ostras de la zona. Una excursión para degustarlas es imprescindible.

Y así hasta que el bolsillo o el tiempo se crucen en nuestro camino, porque tanto Dubrovnik como su costa son una fuente imparable de pequeños placeres, de grandes vistas, de momentos de felicidad.

Como dijo el escritor croata Jure Kastelan "Si en el mundo existieran varias ciudades de Dubrovnik, solo una de ellas sería la verdadera, original, única ciudad de Dubrovnik hecha de piedra y luz. El Dubrovnik incomparable".

 

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