Un entramado de estrechas calles donde gentes de toda condición tapean en la calle 365 días, salga el sol o sople el cierzo: esto es El Tubo de Zaragoza, nuestro rincón de este viernes.
Desde 1825 llevan abiertas las puertas del que dicen que es uno de los restaurantes más antiguos de Europa. En las sobremesas de 'Casa Lac', todos los miércoles se escuchaba poesía. A pocos metros, el último café cantante de toda España: el mítico y pícaro 'Plata', que ha vuelto gracias a la batuta de Bigas Luna.
En el 'Bar Texas' todavía se pueden comer pajaritos fritos, aunque eso sí, ahora son de granja. Juan lleva desde los 14 años tras la castiza barra. Su mayor reconocimiento: sus patatas bravas. A ellas han sucumbido paladares tan sibaritas como el de Carlos Herrera.
Su secreto, dice Juan a sus 74 años, está en la materia prima y sus salsas, con ingredientes que, por supuesto, no nos confiesa. Cuando algún cliente deja bote aquí suena un cencerro de una forma muy peculiar.
Bodegas con solera de 4 generaciones, y sorprendentes combinaciones. No saldrán de 'Bodegas Almau' sin probar un vermout como los de toda la vida con un toque de sifón. Y su plato estrella fue, curiosamente, un error de la madre de Miguel Ángel pero gustó tanto que se ha quedado como insignia de la casa: salmuera con aguardiente.
Refugio de la nostalgia, pero abierto a la vanguardia. De las tabernas de toda la vida a las modernas tapas de autor. Dos cosas suelen ocurrir en la primera visita. Una: perderse por sus calles y dos: pensar cuándo volvemos.
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