El clan bereber de los Banu-Racin fundó la ciudad medieval de Albarracín. Y su fortaleza, el castillo, lo asentaron en un enclave privilegiado: en un alto bordeado por el río Guadalaviar que servía de defensa natural. Hoy nos adentramos en este enclave 'en un rincón de tu ciudad'.
La ciudad medieval crece dentro de la muralla y no hay mucho espacio disponible, por lo que el urbanismo de la ciudad se desarrolla en vertical. Hay que ganar espacio y las calles son muy estrechas. Además, la sensación es de mayor estrechez porque las casas van ganando espacio con voladizos que sobresalen hacia el exterior conforme subimos pisos, de manera que parece que un balcón se fuera a tocar con el de enfrente.
Una arquitectura muy peculiar, un alto grado de conservación y su orografía tan especial... son muchos los motivos, pero ¿qué cree Antonio Jiménez, presidente de la Fundación Santa María de Albarracín qué pesa más para que Albarracín sea considerado uno de los pueblos más bonitos de España? "Destaca su fotografía, sus paisajes que integran patrimonio cultural y naturaleza". De hecho, es uno de los paisajes culturales más valorados de Europa.
Una parada imprescindible es la famosa 'Casa de La Julianeta'. Su forma irregular la convierte, probablemente, en el edificio más fotografiado de todo Albarracín.
Escalinatas y pasadizos se integran para salvar los grandes desniveles. Un amalgama de madera, piedra y yeso rojo que hacen de sus casas, plazoletas y calles inconfundibles.
Ajeno al paso de los siglos, en Albarracín cada esquina nos embelesa durante unos minutos. Difícil no querer volver.
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