La selección española femenina de balonmano deberá conformarse con pelear el próximo sábado ante Corea del Sur por el bronce, tras caer por 26-27 ante Montenegro, en una semifinal en la que el conjunto español nunca pudo encontrar la solvencia defensiva que le había permitido llegar a la lucha por las medallas. Sobrepasada por el exceso de ganas con el que afrontó la semifinal, el conjunto español fue incapaz de inicio de dotar a su sistema defensivo de la solidez que le había caracterizado hasta el momento en el torneo.
Esta circunstancia cargó en exceso la responsabilidad sobre la portera Silvia Navarro, que, pese a mantener la misma brillante línea que ha mostrado durante todos los Juegos, no pudo repetir el increíble partido que protagonizó ante las balcánicas en el pasado Mundial de Brasil. Y es que era imposible que la guardameta española, como ocurrió el pasado mes de diciembre en Sao Paulo, volviera a contabilizar las cuarenta y tres paradas que acabaron por desquiciar a las temibles lanzadoras montenegrinas.
Estas cañoneras parecieron querer tomarse la revancha por lo ocurrido en el Mundial brasileño, especialmente Bojana Popovic, la gran estrella del conjunto balcánico, que en la primera mitad ya sumaba el doble de goles que hace unos meses en Sao Paulo. Una muy mala noticia para el equipo español, que se vio abocado al peor encuentro posible ante una selección del poderío anotador de la balcánica, a la que no la importa convertir sus duelos en un constante intercambio de goles.
Todo lo contrario que España, que como siempre advierte el seleccionador Jorge Dueñas, ve disminuir considerablemente sus opciones de victoria cuando los partidos, como ocurrió en esta semifinal, se deciden con marcadores altos. Pero España no estaba dispuesta a que nada le robará el sueño de disputar su primera final olímpica, y si en defensa no estuvo a su nivel, en ataque, eso sí, muchas veces más por coraje que por juego, mantuvo en todo momento el pulso a las montenegrinas.
De la mano de una impresionante Nely Carla Alberto, que sumó cinco goles en la primera mitad, la selección española logró mantenerse siempre viva en un marcador, en el que España llegó a gozar de una máxima renta de dos goles (12-10) a seis minutos para el descanso. Esta ventaja, que como todas las que alcanzó en los primeros treinta minutos el conjunto español, acabó engullida por el carrusel de goles que deparó el empate (13-13) con el que se llegó a la conclusión de la primera mitad.
La dinámica no cambió en la segunda mitad, al menos en el caso de Montenegro, que siguió martilleando puntualmente la portería de un conjunto español, al que cada vez le costaba seguir más el ritmo goleador de las balcánicas. Esto permitió a Montenegro adquirir a los once minutos de la reanudación una ventaja de dos goles (15-17) en el marcador, que obligó a pedir con urgencia un tiempo muerto al técnico español, consciente de que se le podía escapar definitivamente el encuentro.
Pero ni las palabras de Jorge Dueñas bastaron para dotar a la defensa española de la solvencia necesaria a la defensa española, que pese a que logró (18-18) igualar de nuevo la contienda con dos acciones de casta de Macarena Aguilar, siguió mostrándose excesivamente permeable.
La endeblez defensiva acabó lastrando definitivamente las opciones de victoria del conjunto español, que en el momento que no pudo seguir intercambiando gol por gol, tras estrellar tres balones casi consecutivos en la madera, se encontró con una desventaja de cinco tantos (19-24) en el tanteador. Pese a que España llegó a recortarla a tres tantos (22-25), las montenegrinas, perfectamente dirigidas por la veterana Popovic, supieron administrarla con diligencia hasta el final (26-27).
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