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PUEDE HABER UNA OFERTA DE LA JUVENTUS

La renovación de Fernando Llorente por el Athletic se encuentra paralizada

Llorente acaba contrato en junio del 2013, con una cláusula de rescisión de 36 millones de euros. La televisión vasca ETB ha asegurado que el jugador no va a renovar y que hay una oferta de la Juventus de 20 millones.

Fernando Llorente celebra un gol con el Athletic Fernando Llorente celebra un gol con el Athletic | Foto: EFE

EFE  |  Bilbao  | Actualizado el 08/08/2012 a las 14:56 horas

La renovación de Fernando Llorente con el Athletic Club se ha enfangado de una manera notable en los últimos días, con ambas partes inamovibles en sus respectivas posiciones y un ambiente enrarecido en Bilbao donde se empieza a dar por hecho que el jugador tiene un pie fuera del club.

Llorente acaba contrato en junio del 2013, con una cláusula de rescisión de 36 millones de euros. La televisión vasca ETB aseguró que el jugador había comunicado ya al club que no iba a renovar y que había una supuesta oferta del Juventus de 20 millones.

Sea cierta o no la oferta, las alarmas se han disparado en Bilbao ante la posible marcha de la estrella del equipo, que la temporada pasada marcó 29 goles. La crisis en torno a Llorente ha estallado esta semana, pero lleva larvada meses debido a cuestiones económicas, personales y deportivas.

En primer lugar, las aspiraciones monetarias del jugador. La última reunión celebrada el pasado viernes entre el club y el representante del jugador, su hermano Chus, no sirvió para acercar unas posturas firmes: la oferta del club es de 4,5 millones de euros netos y la demanda del futbolista en 5,5 millones.

El Athletic entiende que no puede dar más dinero, ya que la ficha que le ofrece dobla a la del segundo jugador mejor pagado, Javi Martínez, y no tiene ni comparación con la del resto de la plantilla. El jugador sabe que hay clubes que pueden pagarle los cinco millones y medio, a lo que se añade que si se va libre cobraría una prima de fichaje.

La cuestión personal tiene al menos la misma importancia que la económica: los pitos y cánticos de "Llorente, estamos en crisis" que una parte de la grada de San Mamés le dedicó al jugador en el partido del jueves pasado frente al Slaven son la culminación de una relación fría del público con el jugador.

La grada de San Mamés siempre ha racaneado a Llorente el aplauso, mientras se ha hartado de corear gritos de "Toquero, lehendakari" a su brioso compañero de delantera. Pocas veces se ha oído un "Llorente, Llorente" en San Mamés.

En este comienzo de temporada al público no le ha gustado ni un pelo que el internacional no hubiera resuelto su situación antes de viajar a la Eurocopa, esperando revalorizarse. Como no jugó ni un minuto, las cartas siguen sobre la mesa.

El tercer factor es el deportivo: Llorente quiere dar un salto cualitativo en su carrera y enrolarse en un equipo que le permita disputar la Liga de Campeones, y si es en Inglaterra, donde ya ha dicho que le gustaría jugar, mejor.

También su relación con Bielsa se enturbió un poco al acabar la temporada pasada cuando el técnico reprochó a varios jugadores, no sólo a Llorente, no haber dado un paso adelante en las dos finales perdidas.

Si se confirma la intención del delantero de abandonar Bilbao, colocaría al Athletic en la tesitura de tener que vender deprisa y corriendo a su estrella, que acaba su contrato en 2013, para obtener un beneficio económico, o mandarle el año que le queda castigado a la grada, o contar con él esta temporada a ver si cambia de opinión.

Según los primeros rumores, la Juventus habría ofrecido 20 millones de euros por Llorente, y a buen seguro una vez que corra por Europa la noticia de que se va llegarán más ofertas, aunque lógicamente ninguna se acercará a los 36 millones de cláusula.

La situación de la junta no es fácil ya que un traspaso supondría un agravio comparativo con otros futbolistas como Javi Martínez, cuya cláusula de 40 millones ha sido innegociable este verano para clubes como el FC Barcelona y el Bayern de Múnich. La diferencia es que Martínez tiene contrato hasta el 2016.

Sea como fuere, la cuerda acumula un grado de tensión máxima que amenaza con romperse en breve y lo que hace unos meses, cuando la euforia por su brillante trayectoria deportiva envolvía al equipo, se daba en Bilbao como un asunto secundario se ha tornado en un problema de consecuencias imprevisibles.

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