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JORNADA 6 | VALLADOLID 6-1 RAYO VALLECANO

Los apartados del Valladolid asestan un golpe de autoridad ante el Rayo

El Valladolid deshace al Rayo y deja en evidencia la defensa de tres de Jémez que, pese a adelantarse en el marcador, recibió seis goles, con doblete de Manucho.

Delibasic pelea contra Sereno Delibasic pelea contra Sereno | Foto: EFE

EFE  |  Madrid  | Actualizado el 30/09/2012 a las 18:51 horas

El central Marc Valiente era el descartado del partido por el conjunto de los de Djukic, por lo que el centro de la zaga presentado por el Real Valladolid resultaba inédito, con Sereno y Rueda. También resultaba novedosa la presencia del delantero angoleño Mateus Alberto Contreiras "Manucho" en la punta de ataque, en detrimento de Javi Guerra. El Rayo Vallecano de Paco Jémez, por su parte, recuperó la defensa de tres para un encuentro que comenzó con una insistente presión local a la salida de balón y con una ocasión de Alberto Bueno a los dos minutos de juego. El madrileño recibió en el pico izquierdo del área y cruzó en demasía su disparo. Primera aproximación del partido a la que siguió un remate más cándido y lejano de Lass. Aviso del que sería el primer tanto del choque.

El argentino Chori Domínguez libró el fuera de juego a pase de Adrián, se introdujo en el área y, con frialdad, hizo estéril la estirada de Jaime hacia el segundo palo. La posesión era del conjunto madrileño, que embotellaba a los de Djukic con buen toque y criterio. No obstante, el Real Valladolid, cuatro minutos después del tanto inicial, devolvió las tablas al electrónico. Alberto Bueno recogió un balón suelto dentro del área para fusilar a Rubén con un disparo bien colocado cuando no se habían sobrepasado los diez minutos de juego. El duelo estaba siendo frenético, ya que, tres minutos más tarde, después de una rauda y vistosa triangulación entre Bueno, Óscar y Manucho, cambió totalmente. El angoleño cabeceó al fondo de las mallas un preciso centro de Óscar. La retaguardia de tres hombres del Rayo Vallecano hacía aguas y permitía que Bueno y Manucho se moviesen con comodidad entre líneas. Así, no tardaría en llegar el tercero del Real Valladolid con otra fugaz transición iniciada por Álvaro Rubio, acomodada por Manucho y culminada con una elegante definición de vaselina por Óscar.

El Rayo Vallecano intentaba construir juego, pero se topaba con el orden de un Real Valladolid que llegaba con mucho peligro en cada internada. Alberto Bueno disfrutó de otra buena oportunidad desde el costado izquierdo, en esta ocasión atajada por Rubén, quien no pudo hacer nada para evitar el cuarto del Real Valladolid en el minuto 36 de partido. El lateral derecho serbio Rukavina se desdobló y, asistido por Omar Ramos, cruzó el esférico hasta la escuadra contraria, sellando así una renta más que holgada en medio del asedio blanquivioleta con el que se llegó al descanso.

Tras el tiempo de asueto, el Real Valladolid se replegó un poco y dejó que el Rayo Vallecano acumulase más segundos de posesión. No en vano, generaba más inquietud que el cuadro madrileño en sus aproximaciones al área. Y es que el medio del campo vallisoletano robaba y salía al contragolpe con celeridad y tino. De este modo, se fabricó el quinto de la tarde. Óscar recuperó el balón y cedió a Álvaro Rubio, quien entregó a Alberto Bueno para que hallase a Manucho con espació. Óscar le dobló y se encontró con el balón solo delante de Rubén, al que batió por bajo para cerrar, salvo hecatombe, la victoria local, necesaria tras tres derrotas consecutivas.

En los treinta y cinco minutos siguientes, en lo que terminó el envite, el Real Valladolid no perdió el orden y siguió sirviéndose de la apatía madrileña y la cantidad de espacios que cedía para seguir encaramándose con asiduidad a los dominios de Rubén. Así, a cuatro minutos del final, Manucho logró el sexto tras clavar un pase de Ebert al segundo palo, cerrando de este modo el homenaje en blanco y violeta acaecido esta tarde. La única nota negativa para los vallisoletanos fue la lesión de Henrique Sereno, quien fue sustituido por Peña y abandonó el terreno de juego con una sensible cojera.

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