En un mes de julio de 2011, el día 1, la velocidad máxima en autopistas y autovías volvió a ser de 120 kilómetros por hora, después de circular a 110 como medida de ahorro energético.
El gobierno de Rodríguez Zapatero decidió entonces no prorrogar el drecreto porque la medida "ya no tenía sentido teniendo en cuenta que el precio del petróleo había bajado y seguiría haciéndolo en el futuro".
El entonces vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, recordó que en su momento ya dijeron que era una medida "transitoria" para rebajar la factura energética en España a raíz de la subida del precio del petróleo y, en consecuencia, de los carburantes.
Rubalcaba explicó que la reducción de la velocidad había permitido un ahorro de 450 millones de euros en la balanza de pagos, una cifra a su juicio "significativa", que comparó con los 230.000 euros que costó el cambio de señalización en autopistas y autovías.
También comentó que la rebaja en el límite de velocidad había servido, además, "para concienciar a la sociedad de que correr cuesta dinero, contamina y tiene sus riesgos".
Respecto a la relación entre el nuevo límite de velocidad y la caída de los accidentes de tráfico en las carreteras, el vicepresidente recordó que se había tratado de una medida "estrictamente económica", desvinculada de los muertos de tráfico.
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