El objetivo de los japoneses era debilitar por mucho tiempo la flota del Pacífico para así poder romper el embargo económico a que Japón estaba siendo sometido. Después intentarían forzar una paz en condiciones muy favorables.
El ataque japonés fue una sorpresa para los norteamericanos que perdieron 13 buques de guerra, 188 aeronaves, 2.403 militares y 68 civiles. Los tres portaviones de la flota no estaban en el puerto y no pudieron ser destruidos. Estados Unidos tardó en recuperarse aproximadamente un año. Mientras tanto los japoneses perdieron 64 militares.
El ataque comenzó minutos antes de las ocho de la mañana del domingo 7 de diciembre por lo que casi toda la flota estaba en el puerto y los militares se despertaron en sus barcos con el ruido de los bombardeos y las sirenas de alarma. La mitad de los militares estadounidenses fallecieron en la explosión del Arizona ya que un proyectil llegó hasta el depósito de armamento.
Al día siguiente el Congreso declaró la guerra a Japón. A pesar de su aplastante victoria, los japoneses no consiguieron sus objetivos. Estados Unidos se despertó de su letargo y su capacidad industrial comenzó a funcionar para rehabilitar la Flota del Pacífico. Además ese ataque provocó que la potencia militar del mundo se inmiscuyera claramente en la Segunda Guerra Mundial.
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