El PNV regresa a la Lehendakaritza. Han sido tres años y medio de gobierno socialista, encabezado por Patxi López, en un histórico pacto entre socialistas y populares que impidió formar un nuevo gobierno nacionalista en 2009.
En unos comicios marcados por el aniversario del fin de la violencia de ETA, el PNV recupera el timón del País Vasco con 27 escaños, que le permitirán gobernar, aunque tendrá que hacerlo en minoría (con acuerdos puntuales con el resto de fuerzas) o acordando un pacto de gobierno con otra fuerza política. Bildu le sigue muy de cerca con 21 escaños; el PSE consigue 16; el PP 10 y UPyD logra un diputado.
Los mandos del timón los tomará Iñigo Urkullu, un candidato que ha tratado de evitar durante toda la campaña desvelar sus preferencias, amparado en la necesidad de salir de la crisis "con un amplio consenso". Tras su habitual opacidad se atisba un intento de evitar compromisos de gobierno y centrarse en acuerdos específicos para determinadas materias.
Bien podría Urkullu buscar el apoyo popular para las cuestiones económicas y aprovechar la fuerza de la izquierda 'abertzale' para avanzar en los intentos de lograr un nuevo marco político (tomando como ejemplo el modelo escocés, la fórmula que toma como referencia). Con el inconveniente del desgaste que supondría esta opción, a Urkullu no le quedaría otra que un pacto firme, sea con EH-BIldu o con el PSE. Este último (mil veces negado por ambas partes) a cambio de la cabeza de Patxi López en la primera plana, con quien las relaciones se han deteriorado progresivamente.
La participación de los ciudadanos vascos en la jornada electoral ha sido la más baja desde el año 1994, del 65%. El viceconsejero de Interior ha opinado que en la bajada de la participación ha podido influir el tiempo lluvioso que se ha registrado a lo largo de toda la jornada en el País Vasco.
Las miradas se centran ahora, por tanto, en los pactos, ya que durante la campaña electoral el líder nacionalista ha dejado algunas pistas sobre sus intenciones como lehendakari. El último día de campaña, Urkullu aseguró que había tenido un encuentro con el líder catalán Artur Mas para "recorrer juntos el camino del reconocimiento nacional".
Bildu irrumpe con fuerza
Laura Mintegi, cabeza de lista de Bildu, pedía el voto para su partido con el objetivo de que "Euskadi decida su futuro sin permiso de nadie". Lo cierto es que la izquierda abertzale, decidida a abrazarse exclusivamente a la vía política para lograr sus objetivos soberanistas, ha logrado entrar con fuerza al Parlamento vasco y ha logrado su mejor resultado en unas elecciones, logrando 21 escaños.
El País Vasco votaba esta vez con normalidad y sin la sombra de la violencia terrorista, una ausencia de incidentes que no ha logrado ensuciarse a pesar del intento de un grupo en apoyo a los presos de ETA, que trató de boicotear el voto de Patxi López.
Descalabro del PSE
Ya demostraban los sondeos que la fidelidad al voto socialista en el País Vasco es muy baja, lo que han corroborado las urnas. El PSE es el partido que más votos pierde con respecto a las elecciones de 2009, cuando logró 25 diputados, frente a los 16 que ha conseguido ahora.
Patxi López rompió filas y el pacto con el PP se convirtió en pasado cuando el Gobierno vasco anunció su negativa a acogerse a los recortes en Sanidad y Educación anunciados por el gobierno central.
Los retos del nuevo Gobierno
El Gobierno que nace de estas elecciones tendrá que hacer frente a varios asuntos prioritarios. El primero, sin duda, la crisis económica, que el País Vasco está logrando sortear mejor que el resto de España, pero que aprieta los índices económicos, sobre todo los de industria y exportaciones.
En el escenario político, el proceso de paz abierto tras el cese definitivo de la violencia de ETA, del que se ha cumplido un año, será una pieza clave. El nuevo Ejecutivo deberá gestionar este camino, cuyo punto más conflictivo es el de la situación de los presos etarras encarcelados. Serán decisión del nuevo equipo los pasos a seguir para normalizar la situación.
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