Para muchos fue el más grande y no les falta razón. Tres Copas del Mundo avalan su trayectoria a nivel internacional.
Fue el extremo más hábil, el jugador más fino, pero también una causa perdida cuando se alejaba del balón.
Aunque jugó y dio esplendor a Portugal y al Benfica, fue el primer futbolista de élite nacido en África, en Mozambique.
Quizá su nombre no es el más conocido entre los ídolos de los Mundiales en blanco y negro. Su aún efecto perdura.
Aquel cabezazo a Materazzi fue su epitafio futbolístico. Francia perdió ante Italia la final del Mundial 2006 pese al penalti a lo Panenka de Zizou. Un maestro de final oscuro.