Amira contempla el mar en Oganawa. Hace un año en este mismo lugar la imágen era otra."La gente gritaba y nadie podía auxiliarlos. El mar venía hacía nosotros. Era una cosa increíble". Subir a un cerro cercano le salvó la vida."Todas las personas que subimos ahí nos salvamos. A todos los que se demoraron se los llevo el mar".
Pero contra la imagen del recuerdo, la de la lucha de las máquinas por la reconstrucción. Un año después del desastre nos encontramos cerca de la costa cientos de casas que siguen destrozadas.
El esfuerzo del gobierno japonés es enorme. Hay que demolerlas y volver a construir pero es tal la magnitud del desastre, que es una contrarreloj que todavía no ha terminado. Makoto nunca huyó del tsunami. Cultiva ostras, y aunque parezca increíble decidió dirigir su barco hacia la ola para intentar salvarlo. "Me encaré a la ola,pero destruyó mi barco. Decidí no darme por vencido y nadé todo lo que pude. Hoy vuelvo a cultivar el mar".Son historias del Tsunami , historias de valor. En Japón se cuentan por miles.
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