Ellos se consideran parte del pueblo japonés, aunque hablen otro idioma: el español, con el que nos cuentan qué hacen por Japón un año después.
Vicente sigue abriendo su restaurante cada día, como hace 35 años. Él también vivió el terremoto de Tokio y ayuda como puede para que la normalidad vuelva cuanto antes. "Los trabajadores de cuatro restaurantes de españoles van a cantar y a darles comida", asegura.
A Carlos no le asustan estas imágenes grabadas hace un año y se ofrece para colaborar en Fukushima "en lo que sea". David ayuda limpiando destrozos y afirma que se necesitan muchas más manos: "Las fabricas tienen que volver a ponerse en marcha y hace falta al ayuda de todos. Lo importante es que sientan nuestro apoyo".
Sólo el hecho de quedarse allí ya era una manera de colaborar. Actuar como si nada hubiera pasado, acompañarles, era una manera de ayudar a la reconstrucción devolviendo cotidianeidad a la vida. Cada uno, su manera.
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