"Nunca pensé en irme. En un momento de crisis, pensamos que éramos más utiles aquí que en nuestro país. Merecía la pena por nosotros, por nuestras parejas y por nuestro futuro", asegura un testigo del desastre.
"Cogí a mi hijo de 20 años. Como jefe, le dije que hiciera lo que quisiera. Como padre, le dije que se fuera", afirma un restaurador español en Tokio. "No nos vamos. Hay que seguir a la gente. Japón comienza a recuperarse hoy, no mañana".
Otro afectado por el desastre nuclear se muestra comprometido con el futuro de la causa. "Tengo apalabrado ir a Fukushima a ayudar a la gente. Ellos no están acostumbrados a ver extranjeros del mismo modo que Tokio. Aunque solo sea hablar con ellos, creo que les ayudaría".
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