Con sólo 14 años, Mabel Escuer le preguntó a su madre, comadrona de profesión, que quién era la niña de una antigua foto en la que aparecía un matrimonio con un bebé en brazos. “Hija, ¿quién va a ser? Eres tú”.
Pero antes de darme la fecha, yo sabía la fecha que ponía en el reverso de la fotografía: septiembre de 1951, con lo cual no era posible que fuese yo si nací en 1952.
Cuando sus padres murieron, un primo descubrió a Mabel la verdad: era adoptada. De inmediato se puso a investigar y visitó la casa de Madrid en la que, según su partida de nacimiento, había nacido.
Allí encontró a una vecina octogenaria que recordaba a sus padres y que le desveló el más sórdido de los descubrimientos: la niña de la foto no era ella. Era la primera niña que sus padres habían comprado y que tuvo que ser ingresada en la maternidad, aquejada de una grave enfermedad.
“Les llamaron para decirles que la niña había fallecido –cuenta Mabel- pero que no se preocuparan, porque tenían otra niña. Y fueron a por la otra niña, que era yo”.
“Si en septiembre había otra niña –reflexiona Mabel- eso quiere decir que aquí un tráfico de mercancía, no?. Si le ha salido mal la mercancía no se preocupe, le damos otra”.
Siente que siempre ha vivido una vida que no era la suya, que se tenía que ganar el cariño de sus padres. Ahora espera de la justicia encontrar a su verdadera familia a la que cree que pudieron decirla que ella había muerto en el parto.
"Fui comprada como una mercancía"
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