Cuando Bea y eSposoman se casaron, todos los diarios ytelevisiones del mundo se hicieron eco de la noticia. Fue laboda del siglo.Para Bea fue el mejor día de su vida. A partir de entoncesnada le apartaría de su camino firme hacia la felicidad.Después de todo, se había casado con el hombre más importantedel mundo. Lujos, fiestas vip, vestidos caros, una bonitamansión en un bonito paraje, con piscina, perros (le encantanlos perros), mayordomos, caipiriñas y románticas noches en loslugares más salvajes del mundo con su amado esposo.
Y hubiera sido así si esto fuera una peli de Superman o Batman. Pero no lo es. Esto es la realidad, la vida deeSposoman, la de todos. Y la realidad que no pone en el contratode boda son las hipotecas, los niños hiperactivos, los jefescabrones y las comidas con los suegros los domingos.Para eSposoman tampoco el cambio ha sido nada fácil. Siempre conla carga del mundo sobre sus hombros. De soltero tenía clarassus priorices: salvar el mundo, salir con los amigos, salvarel mundo y volver a salir con los amigos.
Pero ahora, con el matrimonio, las prioridades tienen quecambiar. Y no siempre es fácil anteponer tus obligaciones contu mujer y con las tareas del hogar al bienestar de lahumanidad. Y menos si eres un vago empedernido.En definitiva esta es la historia de eSposoman, el terror de losmalhechores, el salvador de la humanidad, el héroe de losniños… y el peor amo de casa que ha dado la humanidad.
