Eugenia recuerda las largas horas en el backstage de los desfiles de hace años, donde todas eran amigas y corría el champán. Pero las cosas han cambiado: "Las niñas (modelos) de ahora no comen, no beben, no hablan, no se relacionan, ¡no
ríen!", explica. Aunque admite que el mundo de la moda actualmente es más tranqulo, considera que "se ha perdido la diversión y la chispa".
Con apenas 16 años se trasladó a París, ciudad que adora ya pero que en su momento detestó porque no se adaptaba, Eugenia Silva ahora es feliz en Nueva York y si tiene que elegir un destino ideal se queda con Formentera.

