Viudo a los 56, sin hijos y sin casa en propiedad. Florencio Curbelo, Floro, trabajó como pintor sin cotizar por lo que le quedó una pensión no contributiva que gasta en el alquiler de la habitación en la que vive. Lleva 12 años acudiendo a Caritas a diario para comer y asearse. Ahora, recién operado del corazón, su salud empeora por momentos.
Floro pide ingresar en un centro de mayores para que alguien se haga cargo de él. La suya es una historia de soledad, su soledad, y de fracaso, el fracaso del sistema y sus instituciones. El Gobierno de Canarias no considera urgente su petición y no le ofrece plaza en sus residencias hasta 2015.
El ayuntamiento de Las Palmas de GC espera a que la fiscalía incapacite a Floro para intervenir. Y el Cabildo insular dice que hace lo que puede. Enredado en la maraña burocrática, Floro sigue sin ver claro su futuro.