La historia es sencilla y sin embargo sorprendente. Un hombre sueña cada noche que es otro hombre, y cada noche sueña una vida completa, detallada, precisa, con números de teléfono, nombres, sentido, sentimientos, y continuidad. Y ese mismo hombre sueña cada noche que es el primero. Y tanto se reconocen, y tanto se sienten reales, que empiezan a agobiarse, a extrañarse, y al final, en el que seguramente es el giro fundamental, como dijo Merino, empiezan a buscarse, sin dar lugar a dudas sobre la existencia de dos universos paralelos, que están destinados a no encontrarse jamás, porque uno es una prolongación del otro, un trasunto.
Y así, Xavier Arteaga, se ve sorprendido un día por una extrañeza en su ordenado mundo, mientras da clase, mientras intenta poner orden en una generación incontrolable, violenta y manipulable, y en una excelente escena, se escapa del colegio en el que intenta dar clase, y busca a su ex mujer, y busca a su hijo, y trata de entender donde se perdió, cómo se sumió en la frustración, la grisura y el fracaso. Y lucha. Y mientras más sueña con André Bodoc más es capaz de recuperarse o de recrearse, hasta que inicia una búsqueda imposible.
André Bodoc perseguirá una explicación para su sueño mientras crea una noticia imaginaria, mientras su estable mundo de Director de Informativos se va desmoronando entre entrevistas enloquecidas y relaciones sucesivas, entre accidentes y coincidencias, psicólogos y despiadados colegas de trabajo. Y de alguna forma cambia, también, y se atreve a dar el paso, y entrar en la casa de al lado, en vez de huir.
Y mientras, en ambos mundos empiezan a suceder cosas que parecen no sorprender a nadie, pero que muestran que cualquiera de los mundos podría ser tan ficticio como a veces parece ser, si lo miramos despacio, si lo analizamos. Calles que terminan como si no hubiera forma de escapar del mapa que otros dibujaron para nosotros, gente que salta de las azoteas, con demasiada frecuencia, madres terriblemente extrañas, bandadas de pájaros que vuelan en formación sin ser de la misma especie, hijas maltratadas que vivían en la casa de al lado, relaciones insospechadas, besos húmedos, manifestaciones y cargas policiales exageradas, noticias inventadas que la prensa se encarga de divulgar para acusar de mentiroso a quien desvela la verdad.
¿O nos acaba de pasar lo mismo y estamos viajando desde lo fantástico hasta lo distópico (lo contrario a lo utópico, el peor futuro que podemos imaginar)? ¿Acaso si nos asomamos por la ventana no dejaremos de asombrarnos y desearemos ser alguien que pudimos ser y que tal vez nunca seremos? ¿Soñaremos con él? ¿Le encontraremos, en el espejo de un baño, una mañana?
Portada de la novela 'El Sueño del Otro'