Y además trata sobre un hecho real: el atentado, jamás aclarado, en Wall Street, en 1920 que fue el acto terrorista más destructivo en territorio norteamericano hasta 1995. Pero los ingredientes, y los personajes son espectaculares: por un lado está el detective Littlemore, padre de familia numerosa, observador, inteligente, valiente, que va avanzando a través de la trama sin fijarse en lo importante que es el personaje al que molesta, siempre en busca de la verdad: una especie de héroe con maneras de detective de novela negra pero que de vez en cuando tiene formas de Holmes y de vez en cuando de Indiana Jones: espectacular.
Portada del libro "La pulsión de muerte" | Foto: AgenciasPor otro lado está el doctor Younger, nada menos que discípulo de Freud (que aparece como personaje en la novela, y no como referencia u homenaje, sino con un papel destacado en la trama y en la resolución de los conflictos), con una historia increíble en la Primera Guerra Mundial en el frente, a caballo entre ser el compañero de Littlemore (un delicioso Holmes) y el protagonista real de la novela. Enamorado, además, de Colette, el tercer personaje protagonista, una mujer francesa, feminista, ayudante de Marie Curie (que también aparece en la novela y que, sin el protagonismo de Freud, tiene una influencia extraordinaria en la trama) militante de los Rayos X, con un oscuro pasado, un hermano enfermo y una personalidad arrasadora.
Y junto a estos tres personajes tejidos con primor un argumento brutal que no se detiene un segundo y que te lleva a no poder dejar (y es real) de leer del tirón sus casi quinientas páginas: persecuciones, acción agotadora, investigación policiaca, pero además, una trama casi política asombrosa que nos lleva a las cloacas del poder, donde se deciden las guerras, las alianzas y las grandes fortunas, con robos en el Tesoro, bancos que luchan por su parcela de poder, intrigas internacionales, terroristas sin escrúpulos (casi nadie los tiene en esta novela), amor, historia, personajes históricos, psicoanálisis: en fin, un no parar de diversión.
Pero es que además hay varias tramas, que se cruzan a veces, y que viajan por separado las más de las veces, para unirse luego. Y Freud. Y Marie Curie. Y la Norteamérica de la post guerra, previa a la gran crisis, y las historias personales de los protagonistas. Y encima todo tiene sentido: todo encaja, a pesar de sus doscientas páginas finales de vertiginosa cuesta abajo.
Me ha parecido una delicia, y me ha parecido refrescante, encontrarme con esta novela de argumento bestselero, de trama bestselera, y sin embargo tan bien escrita, tan cuidada, tan extraña a veces, tan llena de una atmósfera especial, de coherencia y de locura, de mensaje. Sorprendente.
Parece que el fin de semana vuelve a traer buenas temperaturas: no se me ocurre un plan mejor que leer este libro, que devorarlo en dos días con sus noches, y dejarse llevar por esta montaña rusa: de verdad que merece la pena.