Ahora, gracias a los amigos de Japón Total, descubro una recopilación de vídeos tomados en diferentes lugares del norte de Japón durante el seísmo, todos ellos sobrecogedores, en los que se puede ver perfectamente la brutal violencia del terremoto que, como se nos explica –en japonés– en el vídeo, tuvo tres grandes picos de intensidad, el segundo de ellos el más pronunciado, y cuya fuerza se notó perfectamente durante casi un larguísimo minuto.
Aquel día yo me encontraba en Tokio, a unos 400 km del epicentro del seísmo. Aunque la sacudida fue muy fuerte y prolongada, el hecho de estar relativamente lejos del epicentro y de encontrarme en una segunda planta, en un restaurante con las mesas y las sillas ancladas al suelo, permitieron que mi susto en ese momento no fuera ni de lejos tan acusado como el de las personas que aparecen en el vídeo. También ayudó el hecho de encontrarme rodeado de otros comensales japoneses que, a pesar de soltar algún grito de miedo, en general se mantuvieron calmados.
Avisos de terremoto en Japón | Foto: antena3.comEl verdadero miedo comenzó poco después, viendo las imágenes del terrible tsunami por la televisión y sintiendo las numerosas réplicas. "No se confíen, podría ocurrir otro terremoto de igual o mayor intensidad si cabe", decían por la tele, lo que personalmente me llenaba de terror a cada pequeño temblor que sentía. Más miedo aún cuando empecé a recibir mensajes en el teléfono móvil con un tono que jamás antes había oído, mensajes que avisaban de "seísmo inminente". Aunque algunas veces fueron falsas alarmas, otras sí acertó el sistema, aunque nunca llegaron a pasar de pequeños "meneítos". Eso sí, el miedo en el cuerpo no te lo quitaba nadie.
Lo terrorífico de verdad empezó al cabo de unas 24 horas tras el terremoto y el tsunami, cuando empezaron a llegar las noticias sobre los problemas en la central nuclear de Fukushima 1, problemas que se iban acentuando a medida que pasaban las horas... Mientras en la televisión japonesa se hablaba de "situación muy grave, pero no tiene por qué ocurrir nada que afecte más allá de un radio de unos kilómetros alrededor de la central", en los medios occidentales se hablaba de la posibilidad de que explotara la central y se generara un segundo Chernobyl que afectaría –y mucho– a Tokio y sus habitantes.
Como podéis suponer, como extranjero con acceso a ambas fuentes de información, la enorme disparidad de la información recibida provocaba una intranquilidad y un estrés que, durante días, hicieron que un intenso dolor me atenazara el pecho. Nunca antes había sentido algo así y espero no tener que sentirlo nunca más